FLORECILLAS DE UN RETIRO DE ADVIENTO

En los umbrales finales de noviembre, una cinquentena de frailes franciscos de los conventos de Levante, llegaron al Convento de Sta. Ana de Orihuela (Alicante), con buen ánimo y mejor clima; para cruzar los dinteles del adviento que nos intruduce en un palmeral de misericordia en el curso del Año dedicado a la Vida Consagrada. 

 De las acequias de las carreteras, llegaron los frailes, con ganas de estar juntos, para reencontrarse algunos, para conocerse otros, para compartir todos, en una jornada de retiro espiritual, convocados por el Equipo Provincial de Formación Permanente. 

La mañana templada recibió en el atrio a los hermanos, que templaron el cuerpo con un breve café, para pasar a la Capilla de Nuestro Padre Jesús; para un primer ejercicio de oración ante este hermoso Nazareno, con músicas de adviento y palabras de profetas de esperanza. 

Tras alabar a Dios, sumamente amado, subimos a una sala, en el piso superior, Sala Capitular, con luz dorada y traviesas leñosas en los altos techos. Allí, Fr. Eugenio Martínez ofm, ofreció jugosas palabras sobre el sentido unitario del adviento y la navidad en su diánima litúrgica y teológica, centrando en la Palabra sus palabras, queriendo escuchar franciscanamente el clamor del mundo y nuestro hermanos, los hombres y mujeres; que claman esperanza en días de desazón, descorazonados por tanta violencia, a veces en nombre de Dios, o mejor, de hombres endiosados...

Y la Palabra siembra adviento: “Ese día alzad la cabeza, porque está cerca vuestra liberación.” (Lc 21,25)

Y para mejor llevar lo dicho a la interior bodega, los frailes tuvieron tiempo personal para personalmente hacer silencio en el claustro, la Iglesia, el atrio, el corazón... para esponjar el alma de esperanza, para que espere contra toda esperanza porque Dios ha venido, viene y vendrá... y más en este itinerario de misericordia jubilar que el Papa Francisco va a estrenar con la Inmaculada. 

El tiempo se pasó por ensalmo, y de nuevo la Palabra se hizo canto y la música se trocó en rezo, y la oración pedía testigos de esperanza. Hubo eco,  y un cuarteto de hermanos profesos de la vida y regla del Evangelio, compartieron fraternamente su esperanza. 

El retiro era de adviento, pero los ojos se maravillaban ante la maravilla de un Belén que abraza el entero claustro conventual. Los frailes lo rodeaban una y otra vez, curiosos ante la hermosura de la noria navideña de este magno Nacimiento, lleno de escenas bíblicas y domésticas, huertas y desiertos, palacios y templos, casas y descampados... flores, verduras, árboles y frutos... terneros y gallinas, corderos y palomas.... “¡Criaturas del Señor, bendecid al Señor!”... todo tan bien trabado, con mimado arte, esmerado ingenio y arte evangelizador, por Fr. Antonio Mora.

Como no era día de ayuno, pues comimos y qué bien comimos, por que la Fraternidad de Sta. Ana de Orihuela se esmeró en la acogida y es justo que seamos agradecidos. La refección fue larga y hablada, animada y rematada, como manda la tradición por un par de cantos por el venerable Fr. Raimundo Domínguez.

Decimos con el Salmo: “Al volver vuelven cantando trayendo sus gavillas”, y volvimos a las casas con ganas de adviento, recuerdos de hermanos y un Dios que está a la puerta esperando para nacer en la carne, por pura gracia y misericordia de María: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta entraré con él, y cenaré con él, y él conmigo. (Ap 3,20).” Amén. 

Convento de Sta. Catalina del Monte,
 28 de noviembre de 2015
Fr. Vidal Rodríguez López ofm 

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